Señales de alarma pueden haber muchas en un negocio. En el post de hoy quiero destacar las que, para mí, son más importantes porque resultan críticas o decisivas cuando aparecen.

Las señales de alarma son como la fiebre antes de la gripe, esos síntomas que indican que tienes que introducir cambios o que tienes que evolucionar de la fase en la que estás. Implican dar un paso hacia adelante o hacia detrás, pero sobretodo implica actuar. Ante ellas, lo peor que puedes hacer es quedarte paralizada y no tomar decisiones.

A continuación, las 5 señales de alarma que indican que tu negocio no está siendo rentable.

1) “Mis ventas en realidad son pérdidas”

Esto sucede cuando cada vez que vendes te parece una faena. Casi es una mala noticia porque supone trabajo mal pagado. Apenas consigues margen de beneficios y cada vez que vendes no logras beneficios, sino perdificios (ventas que generan pérdidas).

Esto significa que tienes los precios mal puestos bien porque no has contemplado la realidad de tus gastos o porque estás dedicando más tiempo del que debes. La solución es que decidas si quieres seguir compitiendo en precio o prefieres hacer en diferenciación dando valor a aquello que distingue a tu producto o servicio. Y una vez lo tengas claro, revisa tus gastos para ajustar bien los precios y tus procesos para empezar a obtener ventas rentables.

2) “Mis clientes me caen mal”

Posiblemente estás trabajando con un cliente que no quiere pagar por tu producto, que no comparte tus valores, que no respeta el trabajo que tú haces, que es un explotador y quiere mucho a buen precio, que desea que estés siempre disponible. Tu problema es que no tienes un cliente bien definido.

Hay muchos perfiles de personas tóxicas que debemos evitar tanto en la vida personal como en nuestro negocio.

Imagina que tienes un centro de estética en el que trabajas una estética honesta, basada en resultados y te llega un cliente que te dice que quiere conseguir en 5 sesiones lo mismo que en 10. Si tú accedes a ello, al final, vas a acabar odiando a tu cliente porque vas a trabajar más cobrando menos, y además, a este cliente siempre le parecerá poco.

La solución es definir muy bien a tu cliente ideal, un cliente que esté dispuesto a pagar por lo que haces y que además, le encante trabajar contigo. Eso implica ser más selectiva y saber decir que no a tiempo, además de hacer un marketing que ahuyente a clientes tóxicos y atraiga a este otro.

3) “No tengo vida”

Le hecho mil horas al negocio y no me da la vida. No tengo tiempo para la familia, ni para vida social. Mis amigas me critican porque siempre estoy trabajando. Siento que me estoy perdiendo la vida y que se lo estoy dedicando todo al negocio.

La solución es que necesitas una colaboradora que te ayude. Quizá estás intentando hacerlo todo y no es posible. Incluso hacerlo te está llevando a descuidar aquello en lo que eres realmente buena. Revisa bien si necesitas contratar a alguien.

Otra opción es que necesites invertir en herramientas. Imagina que estás intentando ofrecer una atención al cliente en redes sociales o por email y lo que necesitas en un CRM o gestor de base de datos que te automatice ciertos procesos, o herramientas de planificación que te ayuden a mejorar tu gestión de la agenda diaria, etc.

4) “Me siento aislada”

Trabajo desde casa o en el taller, paso muchas horas sola y me gustaría poder hablar con gente que esté emprendiendo como yo bien en este sector o en otro. Necesito tomarme un café de vez en cuando con gente que tenga problemas parecidos a los míos y sentirme conectada.

La solución es buscar formas de networking. Puedes empezar online buscando grupos de facebook o en Linkedin y luego siempre tratar de desvirtualizar. Acudir a algún evento, intercambiar tarjetas y conversar. Salir a conocer mundo y que el mundo te conozca a ti porque los trabajos desde casa suelen invisibilizar un poco a las personas o hacer que acabemos hablando solo con clientes/proveedores, olvidando así esa parte más de compartir experiencias.

5) “Estoy entrando en fase de desánimo”

Una de los más graves y que aparece en el último momento. Esto ocurre cuando ya no te levantas ilusionada por las mañanas, tu trabajo ha dejado de ser un reto y se ha convertido en una pesadez, no tienes ganas de pensar nuevas ideas. Llevas muchos años dedicados al negocio pero no termina de despegar, no sabes lo que falla.

La solución es clara, necesitas una mentora, una persona que sepa más que tú, que haya dado más pasos que tú. No tiene que ser de tu mismo sector, tiene que ser una empresaria, alguien que haya pasado por donde tú y que te pueda ayudar a revisar lo que estás haciendo bien y lo que estás haciendo mal. Sus servicios suelen tener forma de consultorías o asesorías que pueden ir por horas o por programas formativos para ayudarte a repensar tu negocio y volver a enamorarte de él.

Estos problemas normalmente no son cosas que colgamos en las redes sociales o de los que una quiera posturear en Instagram ¿verdad?, pero es muy importante que estemos alerta y que sepamos identificarlos a tiempo.

Una señal de alarma identificada a tiempo puede ser la oportunidad para llegar a la siguiente fase en tu negocio y empezar a crecer.

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